Thursday, December 15, 2011
El gen del manifestante en el mundo
http://lightbox.time.com/2011/12/14/person-of-the-year-2011-revolution/#64
La revista TIME imprime en su portada a la persona del año. Esta recae en el manifestante. Los ajetreos, los movimientos que se generaron en todos los mundos: el primero, segundo y tercero; y todos los habidos y por haber dentro de un mismo globo terráqueo me movieron también internamente.
Digo también porque a lo largo de mi vida he intentado ser parte activa de aquellos reclamos que probablemente no me tocan directamente pero que me llegan como ser humano de este planeta.
Al hacer un recuento de todo lo que se generó este año, primordialmente impulsado por jóvenes en donde no necesariamente la bandera fue la defensa de un nacionalismo sino la persona, el ser humano que no ve un futuro; siento que no me esforcé un poco más en contribuir.
En lo personal siento que las protestas públicas tienen que ser estimuladas y apoyadas en las redes sociales y los medios electrónicos (haciendo especial énfasis en los mails dirigidos a quienes reclamamos atención, además de la televisión, radio, prensa). Solas las manifestaciones se tornan estorbo para aquellos que sienten que no les afecta lo que sucede. Todo lo que sucede en nuestro entorno nos afecta.
Hoy más que nunca debemos darnos cuenta de que básicamente, en su esencia, las manifestaciones y protestas en Chile, en Rusia, en Estados Unidos e incluso en Yemen, Tunez, Grecia, Bahrain y Egipto nos pegan.
Aquí es donde cobra para mí el real significado de la globalización. No la que desvirtuaron las empresas reduciéndola a posibilidades de maquilar productos en otros países que les saliera más barato, en la mayoría de los casos sin respetar los derechos humanos y laborales de quienes emplean. Estas manifestaciones han mostrado también lo que realmente debiera ser eso que llamamos globalización.
El mundo lo conformamos todos.
En México, el movimiento encabezado por Javier Sicilia generó también reacciones y oleadas de tomas y dacas entre quienes han sufrido la pérdida de un ser querido como consecuencia de la llamada Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón. Independientemente de juzgar su efectividad y eficiencia estratégica y real, es de tomar en cuenta la valentía con que una persona y luego varias se encararon al poder.
Me siento un poco mal por no haber participado más, por no haber acudido a más marchas, por no haber visitado más campamentos, por no haber escrito más mails o retuitear información importante, pero también me motiva más. Porque es cierto que llega a dar miedo compenetrarse un poco más.
Pese a que uno sea un desconocido, a que no tenga seguidores en redes, a que uno escriba, se lea y actúe en la más completa soledad, hay una sensación de que ciertos ojos te observan, y con ello, una satisfacción de que por lo menos alguien está reflexionando. No solo vigilando.
No puedo decir que actuar en estas cosas deje una "satisfacción". No lo definiría así. Porque tendría que ser un deber. Y más que un deber un impulso innato de solidaridad.
No quiero disminuir en un ápice el reconocimiento que se le hace a los manifestantes y a sus protagonistas con rostro y nombre, pero me parece que quienes solo lo vieron por televisión debieron sumarse también. Participar no implica necesariamente salir a las calles: el solo hecho de mostrar interés e informarse ya es un paso gigantesco.
La participación de las personas en causas comunes no debería ser motivo de reconocimiento porque no debiera ser una cosa excepcional.
Pero lo fue y merecídamente. Porque nos falta mucho para despertar todos. Supongo que también es algo muy humano. La preocupación primaria la familia y no perder el empleo, curiosamente, aunque sea bajo condiciones injustas.
Están los que dirigen, están los que siguen a los que dirigen, motivados, entusiasmados, activos. Y están los que miran reflexionando y haciendo lo mejor que pueden desde sus casas. Y están los que se quejan y se quedan pasivos. Y están los que no hacen nada, enconchados. Y están los que no saben qué está pasando. Y están los que no quieren saber qué está pasando.
Fue un año muy interesante en este sentido. Mucho que analizar aún sobre las causas que generaron ese despertar desencadenado en el mundo.
Las empresas, la mayoría de ellas, de aquí y de todas partes, deberían, deben analizar. Las cabezas de ese puñado de empresas, porque curiosamente no son tantas bien mirado el asunto, deberían de reflexionar hasta qué punto quieren tener dinero y poder. Y si no es tiempo ya de devolver lo justo a la gente.
Motivado, sin llevar dentro un deseo revolucionario agresivo sino pacífico, reflexivo y activo, creo que tendré que hacer un poquito más el año que entra.
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