Libertad conoció a su hermana Libertad que vive con el tirano. El tirano abusa de ella y así satisface sus más impíos deseos. Porque esa hermana de Libertad es hermosa también y a pesar de estar triste siempre esboza una sonrisa futura. Libertad se lleva bien con su hermana Esperanza.
Libertad conoce a esa Libertad pequeña que se conforma con lo que le dan porque no pide ni quiere más. Una libertad cierta de sí misma que responde al llamado de su dios. Su dios le han indicado que debe ser humilde, que no debe anhelar posesiones. La religión no es hermana de Libertad. Hay una Libertad que se siente a gusto dentro del ámbito de una religión o de una iglesia o de una fe (pues son cosas distintas), pero en sí mismas religión, iglesia o fe, no son Libertad.
Uno no elige el país donde nació. Puede elegir un día irse, si puede, si tiene “los recursos” (léase: dinero, las fichas y esos papeles). Pero un país y más particularmente su sistema no se hermana a la Libertad. Los señores de gris, en efecto, usan mucho a Libertad para convencer, para adormilar a la gente. Con el pretexto de la libertad prometen un sistema adecuado. Y tal vez el sistema sea benévolo, tal vez sea sensato, pero un sistema no es libre ni esta hermanado a la libertad. Un sistema condiciona la poca o mucha libertad que podrán tener quienes lo vivan o sufran.
Hay políticos astutos que quieren pensar por nosotros y nos dicen, mira, ahí esta tu libertad, esta es la libertad que tú puedes tener. Si te dejo libre, vas a hacer lo que quieres. Si te doy más libertad no vas a saber qué hacer con ella. Y puede que sea cierto: pero cada ser humano tiene, debe tener, la libertad de decidir si hace algo con su libertad o no hace nada.



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