Wednesday, March 6, 2013
Hugo Chávez & las Humaredas de ser revolucionario tú también
No repetiremos el culebrón que nos están recentando los medios masa e intentaremos ser breves en nuestras, mas que opiniones (pues todos tenemos una como sentaderas, pocas o muchas) preguntas, ni siquiera cuestionmientos, no nos atrevemos a ser tan insolentes.
Primero podemos decir que haya sido el señor como fuere no cabe aquí ni las loas ni mucho menos las burlas. La muerte no es motivo de burla, menos aún cuando se encuentra envuelta de esa desgraciada enfermedad llamada cáncer (tan desgraciada como el alzheimer).
Ya a modo personal: nunca me tuve una idea clara del fondo dentro de la imagen Hugo Chávez. No tenía mucho pero el limitado carisma con que contó le sirvió bastante, supo utilizarlo para sus objetivos de manera eficiente, por lo menos para él y para quienes lo siguen.
Me parece que su admiración por Fidel Castro fue legítima hasta la inspiración. No estoy muy seguro que fuera igualmente correspondido. Pareciera que Fidel estaba complacido de tener una reproducción en menor escala de él. El discurso de Chávez ayudó a mantener presente a Cuba y su imagen contra imperialista en el mapa de los medios masa: para muchos nostálgica, de añoranza, para otros muchos de terrible tiranía. Al final: sirve tener un enermigo.
Además, el hecho de recibir el 60% del petróleo que la isla necesita casi regalada por parte de Venezuela forja amigos de una u otra manera. He comprobado que esas relaciones son las que luego son llamadas amistades: siempre existirá un interés. Nada de malo en ello. Ambos jugaron bien su ajedrez. Castro un mega maestro de la comunicación (osea de la persuasión) y Chávez un alumno destacado.
Chávez también tiene notas sobresalientes en lo que pudo aprender de ese monstruo aún indescifrable, fascinante que es el PRI. Esa manera de envolver al pueblo, de darle y quitarle, de mantener esa presencia paternal que tanto añora Latinoamérica (no tuvo padre legítimo).
Incluyo algunos elementos de la gama de acciones (casi todas absurdas o que rayan en la tontera) a la que se tiene que prestar todo candidato (rebelde, institucional, conservador, liberal, pon el nombre que quieras) para "llegarle al pueblo": hacer el ridículo frente a las cámaras, soltar chistes aunque sean malos o sean mal contados, contar anécdotas familiares cursis, abrazar niños y animales, cantar canciones rancheras o de su país de origen (si son mal cantadas mejor), fatigar un instrumento musical, tener un pasado de sufrimiento, algún pecado, algo que al futuro ungido le haga humano. Nunca falla. Chécalo con tu candidato más cecano.
Y si viste de militar verde olivo o rojo, debe gustar de la poesía o incluso presumir serlo, dejar salir un poco de sensibilidad pero no dejar la dureza de carácter. Aderezando el discurso revolucionario, que tanto imán continúa asombrosamente teniendo alrededor del mundo pues ligado ahora está con ser joven, llevar la contra, con el rock n roll, con la moda, con la posiblidad de ser agresivo debido a una supuesta causa, esa que siempre es al final la falaz lucha contra la injusticia y la ilusión de vivir todos unidos en una abstracta noción de onda hippie de alta moda o esforzándose en estar a la moda, combinada con el infaltable iPod, el iPad, la Mac, el Twitter, Facebook y demás instrumentos creados precisamente por ese sistema totalitario yanqui al que atacan, continúa presentando una atractiva presentación que sigue vendiendo: Marx & Coca Cola.
No lo denosto. Lo señalo. Yo he vivido fascinado (temor y asombro) por las ideas de Revolución, Rebelión, Revuelta del cómo es tan potente esa idea, esa ilusión. Yo también he vivido siempre añorando La REVOLUCIÓN con mayúsculas y cuando no pienso en ello me parece fascinante morir por una causa justa....cuando se detiene uno a analizarlo resulta que no es tan grata. Quién sabe por qué ya no se siente esa Gloria verdadera en la idea de la Revolución. Probablemente porque ya hemos aprendido una y otra vez que luego de la revolución, ese éxtasis, la realidad se nos manifiesta como es: confusa, incongruente o mejor contradictoria, lenta. No podría decir que es una obsesión pero ha sido un hilo conductor en mi obra toda hasta el día de hoy.
Nunca he tenido claro (y estoy seguro que nadie en el planeta) qué era exactamente "La revolución boliviariana". Si se trataba de una unión tipo europea el discurso revolucionario asociado con lo socialista (sea lo que sea también pero que captamos por donde va) se torna una contradicción interesantísima, sobre todo cuando la mayoria de los países ya no andan obnubilados por una herencia rusa vaga y que cuando se vivió en el llamado Socialismo real causó no menos muertes que el atacado capitalismo.
Hoy en día, cambiado el nombre y puestas otras caretas o envolturas (globalización, libre mercado) la verdad es que triunfó el capitalismo sobre el socialismo. También anoto que no lo celebro ni lo condeno. Así es, punto.
Aún no ha surgido pensador que nos aclare cómo está el asunto: la globalización no fue esa idea otra vez quasi socialista en la cual el mundo compartiría sin fronteras información, arte, ideas. Pagas. No puedes entrar a ciertos países a ver sus sitios web. Todo es negocio, es una verdad más contundente que el sueño revolucionario, ese sueño que busca librarnos de algo que no sabemos exactamente qué es.
Por supuesto conocemos el vocabulario: el totalitarismo yanqui, el consumismo, la opresión y un dilatado etcétera. Y nuevamente: aún no sabemos exactamente qué quiere y cómo la parte llamada izquierda de casi todo país. Yo me sigo considerando de izquierda pero esta posición esta en pausa, ya ni siquiera a la expectativa. Y si me gusta tener mi ipod y mi Mac, ¿sigue siendo de izquierda? Interesante dilema, ¿no es así?
Porque es una ilusión. Porque la idea de la revolución y luego ese socialismo, que los jóvenes equiparan con la idea de igualdad (y que quienes escriben sobre el tema jamás han anotado con precisión) es eso: una idea. Un sueño.
Se dice que vivimos de sueños. Yo digo que vivimos porque tenemos que alimentarnos. Y hay quienes ni comen y siguen viviendo. Los sueños alimentan un impulso por eso que llamamos crecer, progresar.
Capitalismo y Socialismo, en cualquiera de sus presentaciones actuales (en sus extensiones de marca dirían los publicistas) promete. Promete el progreso, crecer, igualdad, derechos iguales para todos, oportunidades para todos. Los candidatos de todo color prometen siempre de los siempres lo mismo: vestido, casa, sustento.
Y todos seguimos trabajando para ellos. Continuamos leyendo diarios, oyendo la radio (sobre todo los que nos venden como clandestinos, contestatarios -ya nada más escribir estas palabras siento una bandera de fuego ondeando a mi espalda y quiero ser héroe..pero...-, si son más reaccionarios mejor porque nos ayudan a estar más deprimidos, a no encontrar esperanza y, particularmente en México, a no hacer nada más que quejarnos. Pasivo México es. Vociferamos, mentamos madres, sí hacemos una que otra marcha pero ya. Los mexicanos no tenemos ese chip o gen rebelde real. Otra nota: si quieres vender y además tener imagen de revolucionario vuélvete "activista" (que nunca son realmente activistas esos actorcitos de tele y cine, sino que prestan su imagen para promover una campaña de alguna asociación civil, cosa muy diferente), ser activista sin serlo vende. Hablar con la terminología "revolucionaria", afirmar que no eres "comercial", hablar de "temas difíciles" aunque en verdad no domines el teme y no seas una persona culta, vende.
Lo interesante para mí es ser quien se supone debes ser, y es un trabajo, pues todos nos dejamos seducir por tener una víbora de talentos: actor, productor, activista, líder, entrepreneur...al final ¿de verdad se puede ser tan bueno en tantos campos? Bien mirado no. O no es muy común. ¿Quién eres realmente?
Eres actor o político. Eres activista o político. Eres escritor o panfletero. Eres productor o diseñador de modas.
Volviendo a la idea seductora de que "venga la Revolución". Quizá sea sabia nuestra mexicana y pasiva actitud (además de otras razones que no cabe enumerar en este momento). Los enfrentamientos armados, el derramamiento de sangre rara vez toca a los que ciertamente están arriba. El pueblo (que también ha perdido su límite pues ¿qué o quién es el Pueblo?) se queja, se levanta, entrona al revolucionario, este se petrifica en presidente, en primer ministro, en Señor, ayuda a sus allegados, se atasca las manos de dinero, de sexo, de poder; sobre todo de poder, se ciega y muere o cae. Algo así, en su trono particular, le sucedió a Elba Esther Gordillo, la que parecía eterna maestra dirigente del sindicato más poderoso del mundo.
La muerte, y antes la enfermedad. Corrijo: la enfermedad es la que realmente nos muestra sin diplomacias que todos al final somos idénticos. Y todos tus seguidores (comprados o no) en twitter, todos tus likes en Face (¿dónde quedó tu idea de que todos debemos ser iguales cuando presumes o hasta compras followers?), tú única o varias infidelidades, el disco que no devuelves, el libro que ni lees ni devuelves, el billete que se le cayó a otro y que tú te guardas en el bolsillo, los impuestos que no pagamos, las deudas que contraemos con los bancos, robándole a quienes nos roban, el odio hacia nuestro padre o madre, el soportar a la familia, el yugo de tener que tener hijos para seguir encadenados (por el bien de la familia y de tu país), todo eso que tienes a diario no vale nada. O vale lo que tú decidas tenga.
Chávez tal vez sea el último gran clown. Un ilusionista no muy fino que logró lo que quería. Se salió con la suya. Se vale. Hay quienes nacen para ser seguidos. La mayoría ha nacido para seguir y seguir órdenes.
Hoy en día (desde hace años mejor dicho) el uso de la fuerza bruta (totalitaria, llana) es un recurso que cuesta mucho dinero. Hoy en día existen otras formas de control más baratas y que si se manejan bien permiten la continuidad de eso que hacen todos los gobernantes (sean rebeldes o no): hacer negocios.
El Vaticano atraviesa por esa angustia: ¿quién es lo suficientemente clown para poder presentar una envolutura seductora que nos permita, tras bambalinas, comerciar para tener más dinero y poder?
La revolución es una ilusión.
En efecto, un sueño.
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