Tuesday, December 16, 2014

Llevar la contra: los hechos y deshechos


 De acudir a "las instituciones"

Unos dicen "lamentarse" por los hechos violentos de "algunos". En una posición pontificante salen a decir que las frases clásicas: la violencia no resuelve nada/hay que acudir a levantar un acta/acudir a las Instituciones/que para eso están/que solo mediante el diálogo y blo blo blo...En principio nosotros estaríamos de acuerdo. Es más, de ahí vienen todos los que han generado protestas:

Primero "las instituciones" los traen de la seca a la meca. De aquí para allá, dándo vueltas, dándoles por su lado. Las personas que trabajan en estas instituciones solo tienen en la mente el recibir formatos y formularios, solo preguntan por preguntar, por llenar la hoja y una vez llenado a la pila de las enemil demandas. Y ahí se queda todo... Así ha pasado, así pasa.

Manifestarse, marchar, gritar consignas, se vuelve bastante nimio al lado de la indiferencia y displiscencia con que la gente de las "instituciones" trata a sus semejantes (porque según todos somos humanos).

La violencia se entiende también como una reacción de coraje ante la actitud, no solo de los poderosos arriba, sino de los que detentan un gramito de poder chiquito en una oficina gubernamental.

 Seguimos...


 De si son manipulados los jóvenes o los manifestantes

En un inicio las revueltas son espontáneas, tienen cierto grado de organización en cuánto a la fecha y hora en que se movilizarán y de que punto a cuál lo realizarán.
Aunque los manifestantes lo nieguen sí es necesario un líder. Se quiere negar porque la mayoria de las manifestaciones se identifica con la izquierda.

Para muchos la izquierda significa estar inconforme, ser revoltoso, hacerla de jamón por todo, querer vivir jodido, adorar a los pueblos indígenas, negar el libre mercado, la globalización...la idea de socialismo, de que todo tiene o debe repartirse por igual para todos... en este esquema no se concibe un líder. No debiera ser. Por supuesto que se requiere un líder, una guía, un organizador, un orquestador y esto no necesariamente niega el espíritu idealista del socialismo como se describe aquí.

Es cierto que llega un momento en que grupos con intereses diversos se infiltren en las marchas, creen disturbios periféricos que los medios de información rápidamente propagarán también causando confusión. Y en la confusión, la gente no involucrada se acercará más a la condena que a la comprensión de los hechos. Solo leemos encabezados.

Por ello, una de las dificultades de la revolución o una revuelta es que tiene que ser rápida. Si se prolonga será invadida y se corromperá. No siempre por culpa de quienes la originaron, sino porque son vulnerables a los medios y a los grupos de poder que tienen una posición más cómoda para pensar cómo desacreditarlos. Uno de esos gritos es el de: "no acudan a la violencia, solo con el diálogo...blo blo blo". Como si antes no se hubiera intentado por todos los medios "correctos" llamar la atención sobre un reclamo.

Las revoluciones, sean revueltas o manifestaciones, siempre tienen que ser pequeños truenos, siempre se desarrollan más efectivamente como parte de una estrategia no como la estrategia como tal. Siempre tienen que ser parte de la táctica.

La gente se cansa.

Para evitar infiltramientos las manifestaciones de hoy en día tienen que tener mecanismos y señales para "abrirse" literalmente cuando detecten a alguien que intenta generar desorden o violencia. Abrirse de verdad, dejarlos solos. El contingente debe tener listas consignas que gritar y señalar (literalmente, así con la mano y el dedo índice) a quién está haciendo el desorden o aquello que no estaba programado hacer.





De si un manifestante fresa no es manifestante

Cierto es que generalmente se queja el jodido. Quien vive cómodamente no tiene necesidad. Y si lo hace de inmediato es cuestionado pues es probable que tenga un interés personal. Quizá.
Pero eso no significa que existan jóvenes que cobran esa conciencia de cooperación y solidaridad con los menos afortunados. De hecho, es en los jóvenes donde se puede creer más esa actitud. Por supuesto que habrá quienes tienen sus propios planes, no diríamos que es inválido, mientras que en el momento de su unificación con una causa en verdad se apeguen a lo que la Causa exige y no tratar de desvirtuarla pues se convertirían en infiltrados, en aquellos que quieren dinamitar la Causa desde dentro. Es delicado. Si apoyas debes de apoyar. Todo tiene cuestionamientos, cualquier acción puede mejorarse pero el buscar el cuestionamiento para sobresalir individualmente destruye la Causa, la merma.

México está viviendo estas reacciones, este tipo de manifestaciones y no son iguales a las de los sesentas. Tienen ese espíritu, que nosotros aquí nos reservamos de criticar pero que sentimos no es totalmente real. Son distintos.

Esta vez, personas con una mejor calidad de vida, se unen a las manifestaciones. Se solidarizan con la Causa. Como acto de suma está bien, siempre estará bien.

Los grupos de poder aquí también tienen una gran fuente de recursos para desintegrar las causas. Intentan oponer a los que no tienen esas oportunidades con los que sí, tachando a estos últimos de oportunistas, cuando en realidad ni si quiera importa, en ese momento, si lo son.

Hay que ignorar todo esfuerzo de desacreditar al movimiento o la Causa mediante diferencias socioeconómicas pues precisamente en ello radicará su fuerza: no solo son los directamente afectados ni los apegados por circunstancias económicas, sino aquellos que no necesariamente están sufriendo. Esto es el acto máximo de solidaridad.






De si sirve o no protestar

Sí sirve. Siempre sirve. La motivación es más ideal que la real, es cierto. Las revueltas o revoluciones tienen ese ingrediente: una especie de halo místico que le da mayor fuerza, pues no es una lucha basada en el materialismo. De entrada busca igualdad, justicia.

Es cierto que no se logra la totalidad de lo que se exige. Es cierto que los grupos en el poder tienen más recursos para librarse, para dar por su lado a la gente, para continuar con sus maneras. Pero cada semilla de manifestación siembra un hecho en algunas cabezas.

La gran fatalidad de las manifestaciones en estos tiempos es que los poderosos ya se acostumbraron a ellas. Ya saben que ni si quiera es necesario reprimirlos. Quienes lo hacen son los mandos medios, dueños de una cabeza más cerrada. Porque los verdaderos detentores del poder lo ven como una válvula de escape: "mejor que se anden manifestando a que en verdad estallase un movimiento revolucionario" o sea ya armado y con el fin de destronar al gobernante.

La verdad es que la revolución sí busca arrancar del poder al grupo que no ha entendido las urgencias de la gente, que incluso abusa de ello, se burla de ello. Ya no hay marcha atrás en las verdaderas revoluciones.

En lo que vemos actualmente está el ideal de la revolución pero no su mecanismo real. Aún se queda corta la manifestación y el movimiento. Y es lo más civilizado. Pues se tendría que contar con un ejército o con grupos armados e instruídos en las maneras de la guerrilla. Una acción así no es sencilla y requiere de un gran respaldo económico. Así como un plan de acción posterior, una vez logrado el golpe de Estado.

En México hay grupos que claman la renuncia del Presidente. Si este hecho se diera lo más probable es que lo lleve a cabo otro grupo de poder, pues ya tendría visualizado quién y cómo se suplantaría al poder derrocado. Esto, en la realidad, no lo decide el Pueblo.






De lo que ha provocado hasta ahora los movimientos por los jóvenes torturados y asesinados

 Entre los grupos de poder, los medios de información y quienes escriben en redes sociales se han apartado reclamos que debieran ser los primeros en la lista:

1. Ningún movimiento está reclamando el llevar a la justicia al alcalde de Iguala y a su esposa. Simplemente nadie clama por ello.
2. Nadie de los manifestantes clama porque el gobernador con licencia de Guerrero sea interrogado e investigado por sus vínculos o no con los carteles dominantes de ese Estado.
3. Nadie ha clamado por el desmantelamiento del cartel al que se atribuye la muerte de los jóvenes. No sabemos quiénes son realmente ni cómo surgieron ni de dónde vienen, a qué otro grupo pertenecen.
4. Todo se ha centrado en culpar al Presidente de la República.
Tiene la culpa porque él representa al país, al poder ejecutivo. Tiene responsabilidad porque en él recae años de mentiras y de abusos. Tiene cada vez más responsabilidad por su inhabilidad para manejar esa situación desde el inicio, él solo se lo atrajo. Es como si hubiese existido una ruptura de grandes proporciones dentro de la cúpula que rodea al ejecutivo, como si lo hubiesen dejado solo.
Continuamos afirmando que él no es quién realmente piensa, planea y decide qué hacer y cómo. Es en el más estricto sentido (casi tragicómico) el ejecutivo: solo ejecuta órdenes.
Es su culpa porque su decálogo en serio parece que se lo dictó un niño de ocho años (e incluso un niño es ahora más listo que eso) y vuelve a darle una bofetada a la inteligencia de la gente.

No es su culpa porque él no mandó matar a esos jóvenes.

Pero sí es su culpa también porque en verdad no ha hecho nada, nada al respecto. Siguen siendo palabras, soluciones absurdas, otras comprensibles pero a largo plazo que al final, contradictoriamente, no solucionan el estado de inconformidad en que está la mitad del país. 



De por qué se ve tan inerme el Presidente

Varado. Dejado a su soledad, el Presidente es en realidad solo una presencia, una aparición. Sale, lee textos, sale de cuadro. No se ha sentido desde que inició que él sea quien lleva el control. Solo pareciera que se le da llamado para "aparecer", para hacer "presencia pública" y ya. Entonces, ¿quién está dirigiendo el país, bien o mal, pero quién entonces dicta los parámetros, da los lineamientos, incluso, quién tira línea? Misterio.

El hecho de que el gobierno se note maniatado, indefenso ante lo que está sucediendo mueve al temor. No solo es que no les importe lo que a la gente le pase. Es que, en verdad se nota a leguas que no saben qué hacer, que están como perdidos.

Muchos ya comienzan a olvidar que no hace poco se le acusaba de ser el muñeco impuesto por Televisa. ¿Ya no lo es? ¿Lo fue alguna vez? Para como están las cosas actualmente ya poco importa.

Debemos decir aquí, como paréntesis, que no vemos en el Presidente a alguien enfermo de poder, a un ser tiránico y dictatorial. Si lo es lo ha manifestado muy mal.

Al inicio, hasta antes que les estallara en la cara lo de los jóvenes asesinados, parecía, solo parecía que había un plan trazado con anterioridad, que la implementación de reformas (benéficas o no) eran parte de un plan más que nada económico para implementarse en el país: tener un gran tren, un gran aeropuerto, generar más tránsito comercial (ya sabemos hasta de qué tipo).

El defecto era que solo se presentaba un aparente plan a largo plazo, incluso han advertido varias veces que ni siquiera se verían esos beneficios o cambios en el presente sexenio. El defecto es que nada se ha presentado con ese aparente análisis para resolver las cuestiones que demandan solución inmediata.

Lo sorprendente es seguir siendo testigos de su torpeza para manejar la actual situación. Hasta ahora siguen apostando a lo que siempre ha apostado el poder: dejar pasar, que la gente lo olvide.

Ojalá que la devaluación que se está sufriendo ahora no sea "a propósito" para "que se olvide lo otro". Porque peor.




De lo que se tendría que hacer

Hay un punto ya en el que todos tenemos que ver con el estado de ánimo que vive el país.
Pensamos que tampoco puede dominar una actitud enervada. En ningún caso ayuda a mejorar las cosas. No si solo se tiene esa actitud.

No se trata de olvidar las cosas. No se trata de olvidar los daños. Se trata de que ese dolor, a quienes no les ha afectado directamente, de veras se apodere de ellos. Estar comprometidos con una causa pero sin que la paz individual y de la familia se vea afectada.

De nada sirve estarse quejando nada más. Y para colmo, eso ayuda más al gobierno.

Recordar, no olvidar, adoptar la seriedad urgente que reclama lo sucedido. Pero por otro lado, dar espacio a la reflexión. Esta solo se puede dar con los ánimos fríos.

Contradictoriamente una solución adicional, acompañante de asumir la conciencia de grupo, es dedicarse a examinar el progreso individual. Si no se ve por uno mismo menos se podrá ver por los demás.

Tenemos la capacidad de hacerlo todo ello sin comprometer una causa, sin hacer a un lado un reclamo, sin perjudicar nuestra búsqueda individual.



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