Camaradas:
Lamento mucho haber atravesado por un acceso de credulidad cuando me atreví a otorgar mi voto de confianza al gobierno del señor Peña Nieto. No sé qué locura o que tipo nuevo de azúcar artificial se introdujo, no sin sorna veo ahora, dentro de mi organismo.
Es un hecho irrefutable que quien detenta el Poder tuerce sus hábitos o los intensifica si ya venían torcidos como ese árbol...pero un árbol es flexible y estos no.
Es increíble que no les importe verse a tal grado estúpidos, que su imbecilidad se vea expuesta en tercera dimensión y todo rincón de este mundo globalizado (para lo que les ha sido conveniente).
Paréntesis: qué molesto es que vea mi móvil o abra una página de internet y me sorprendan, según ellos para mi alegría, con sitios "solo para Latinouuuus". Abres iTunes y te ofende el que por venir de México te disparen entusiamados anuncios del inminente nuevo álbum de algún reguetonero o salsero, ¿en serio?
Yo pensaba y creía y quiero que la internet sea no ya globalizada sino universal. Donde no me enfrente a un aduanero virtual que me pida pasaportes para acceder a un lugar extranjero porque yo soy extranjero para ellos, "tropicalizando contenidos", le llaman. Y cómo me gustaría tener poderes suprahumanos para vislumbrar la jeta idiota del ejecutivito que salió con la gran idea en una insulsa sala de juntas.
En fin, así es esto.
No niego que en la mira de mis críticas ha estado la izquierda. Y no es para menos: con la derecha no hay nada que arreglar.
No puedo llamarme ya de izquierda porque disfruto sin remordimiento las comodidades que nos ha brindado la cultura yanqui. Nos ha legado regalos de gran valor: ahí está el blues y tanto artista que veneramos como Dylan o incluso ahora un Jack White.
Que el arte no tiene fronteras en ello es verdadero, pero que no nos dejan los que pueden de echar en cara su lugar de nacimiento.
Es odioso decirlo pero yo pasé por lo que ustedes pasaron: me comprometí, me inscribí en colectivos, marché, grité, y continúo escribiendo a favor de la libertad, de esa no totalmente clara idea pero que abrazamos sin miramientos: la libertad.
¿Hasta que punto nos hemos esforzado inconciente, accidentalmente los que nos inclinamos hacia la izquierda en dejar una idea de que serlo significa vivir jodido? ¿Qué no buscamos todos vivir...chin..ya voy a repetir un eslogan imbécil...vivir bien?
¿Tener un celular de mercadotecnia yanqui, una Mac, disfrutar de la internet (desarrollo yanqui), la practicidad en la forma de vestir, en las formas, nos contradice al proclamarnos de izquierda?
Claro que no.
Entonces, ¿cómo lo dejamos en blanco y negro? ¿Cómo deshilachamos el enredo pues nosotros a veces muchas veces, nos hemos ahorcado con esa supuesta contradicción que es sentirse socialista y vivir disfrutando las comodidades que se le atribuyen al capitalismo?
¿Cómo renovar la idea de izquierda cuando ya se nos oyen y están anticuados los términos con los que hablamos: comunismo, neoliberalismo, izquierda, imperialismo yanqui...?
Cierto que la derecha pasa sin pena ni gloria porque el mundo está más dispuesto a sus hambres. El reto es de este lado, del chueco, del que nadie entiende. Ellos se la han querido sacar con un mote absurdo denominado "humanistas". Bueno, si humano es robar que bien lo es, no andan errados.
Pero a nosotros nos toca pensarle más. Pensarle. Porque de ese lado nada.
Y démonos tiempo, propongo, para realizar una autocrítica a cada paso. Y démonos espacio para analizar fríamente (un momento sin mentadas de madre, un ratito haciéndolas al lado) cómo y por qué funciona así un gobierno que ha sido fallido para lo que nos es necesario y vital, pero muy eficiente para ellos allá arriba ignorantes al final de todo lo que debería ya no ser así.






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