Aún no hemos hallado la razón por la cual la idea o ilusión de la revolución es tan llamativa. Seguimos insistiendo en que hay un personal deseo de ser un héroe, de luchar contra los poderes invencibles, imaginario que proveen ya no los manifiestos generalmente de ala socialista (sea lo que quiera significar esa palabra) sino los comics, el rock and roll, la literatura.
Es lógico, al abrirse al mundo y enterarse de que todo está patas arriba los jóvenes quieren hacer algo al respecto, se pasman ante la pasividad de sus padres, es legítimo su anhelo de cambiar las cosas, de que todos tengan lo mismo, de que "se reparta por igual la riqueza".
La cuestión es que profesores frustrados (que insisten en decir que viven mal y al mismo tiempo se sienten conformes viviendo como "jodidos", así se autonombran aunque tengan más que lo necesario) continúan usando a los jóvenes, de mente cual cuaderno limpio, receptora y ávida de energía, como refractarios de aquellos sueños que no se cumplieron como ellos habían esperado.
Es difícil sostener la idea de revolución como surgió espontáneamente en la Cuba del Che. Es imposible sostenerla. Es más, ya no existe. Simplemente porque las revoluciones son finitas y pertenecen a un tiempo específico. En México, quienes estudian filosofía y letras o carreras relacionadas con el conocimiento de las culturas populares e indígenas, salen con un programa que hoy en día tiene una apariencia que quiere denominarse revolucionaria.
La actitud rebelde o revolucionaria significa ya estar hasta el tope. Como nada sirve, como todo sigue su pasivo curso, la acción de oposición radical se llama rebeldía. Quien no escucha provoca reacciones arrebatadas, provoca la actitud revolucionaria. Es como gritar: "Ah, con que me ignoras, entonces grito y quizá arroje piedras y rompa ventanas".
Si no comprendemos los contextos la condena es inmediata, "cómo hacen eso/eso no resuelve nada/la violencia no resuelve nada". Pero se olvidan que unos pasos atrás se hacían peticiones ecuánimes, "como marca la ley".
Total que se vuelve un trabucle.
La cuestión ahora es que los gobiernos ya comprendieron (la mayoría de ellos) que no sirve de nada activar el archifamoso mecanismo de la represión. La preferencia es dejarlos ser, dejarlos gritar, "deja que se desahoguen". Es en verdad casi imposible derrocar al Poder hoy en día pues es ya una maquinaria que anda sola. La máquina revolucionaria es la del Poder porque ya no tiene rostro definido, rostro identificable.
En México, sigo pensando que no es el presidente Peña quien detenta esa poco honrosa distinción. Quizá sea el presidente de México que más ha "hecho" en los primeros dos años de gobierno. Hechos que hay que esperar que arranquen (algunos los comprobaremos entrando en 2015), otros podrían diluirse, pero nadie había actuado como él hasta ahora. No es él quien decide con un dedo qué se hace y qué no, no es él "un déspota o tirano", no lo es. Él está haciendo el papel que le ha sido encomendado. El poder, ese poder que nos atemoriza, que nos provoca recelo, lo detenta alguien más. Suponemos, pero no tenemos certeza.
No se quiere ver porque no hay otro rostro "concreto" a quién atacar. Él es el representante del poder ejecutivo y ni modo, tiene que recibir los embates. Pero, bien mirado, vivimos un tiempo en el que el rostro verdadero de la tiranía (supuesta o real) no se muestra.
Hay muchos Pri, pero quisiera distinguir aquí dos. El PRI gobierno federal y el PRI del interior de la República. Me apena que suene incómodo pero para ser claros tendré que anotarlo así: El PRI de las provincias es el que no hay cambiado ni un ápice, es el que sigue con sus mismos usos y costumbres desde que lo conocemos. El PRI Gobierno Federal es distinto. Sí, aunque nos caiga mal leer esto, debemos intentar ser objetivos para estudiar en verdad con detalle y conocer cuáles son esos mecanismos tan eficientes (para ellos) que hacen de este partido materia de estudio en universidades (debería).
Aprovechan muy bien aquello que a otro partido haría pedazos. El PRI Gobierno Federal sabe capitalizar cualquier embate, cualquiera. Es una gran esponja que absorbe todo, lo mastica, lo digiere y lo devuelve aligerado, "como controlado", como diciendo "no pasa nada", siempre con la actitud (esa sí desde siempre) de "todo está bien".
Y es inteligente responder así, pues un gobierno que contestara con represión sin ton ni son, podría funcionar pero es desgastante para ellos mismos. Por ello, gobiernos más atrasados no han entendido aún el poder de la sutileza. Al final, ¿quién tiene la sartén por el mango?
Los gobiernos de provincia son eso: provincianos. Aquí sin distinción partidista. Los gobernadores son verdaderos reyes que disponen de las cámaras como les place. Emana de ellos una amenazante investidura que impide cualquier cuestionamiento. Los empleadillos del poder son agachones y besadores de patas. Cuidado y digas algo en contra. Y la tradición agachona mexicana prevalece. Me refiero a la de los empleados que, como reciben un sueldo, como deben ser leales al Jefe, al Huey Tlatoani, no pueden cuestionarlo.
No quiero decir que el Pri Gobierno Federal sea una sedita. Pasa que ha llegado a un nivel de sofisticación que pasma. Son increíblemente astutos, se desarman y arman a voluntad, podrían darle clase a Maquivello.
Me parece que el PRI Gobierno Federal está con la cabeza plantada en una verdadera reestructura de las formas de gobernar, las reformas que impulsó el presidente Peña son una primera muestra de ello. Se entiende perfectamente que para crecer es necesario hacer más y mejores negocios con el mundo.
Está bien. Solo esperamos que esta vez, ahora sí, por enésima vez, bajen esos beneficios a la vapuleada clase media y las menos favorecidas.
El poner en orden a los mal llamados ambulantes es imperativo, pero no puede esperar el poner en cintura a los gobernadores de los Estados del país. Vivimos en una República, la contradictoria autonomía de los estados y la conducción de estos sin preparación alguna, debe terminar.
Muchos se alarman y pegan el grito en el cielo, se "rasgan las vestiduras", ¡cómo es posible que permitan que la delincuencia organizada haya permeado!", "cómo no se dieron cuenta". Todo lo resumimos en la condenatoria "Corrupción".
Pero si hablamos de Corrupción hablamos de una actividad que forma parte ya de la cultura mexicana. No que no pueda erradicarse. Pero no hemos hecho verdadera conciencia de que todos formamos parte de ella, a voluntad y en contra. No es una solución calificar de corruptos a esos gobiernos. Ya lo sabemos.
Sucede que las personas que han gobernado por decenas de años municipios en los estados de la República no tienen a veces ni carrera profesional (cosa que no necesariamente significa que se gobernara mejor u honradamente).
Durante años la función de los que conducen un munipio es prácticamente administrativa (con sus asegunes, beneficios y maleficios). Con carrera o no, dependiendo del nivel de desarrollo que tenga ese municipio, la función es administrar, generar condiciones para colocar alumbrado, pavimentar, "dar apoyos al pueblo", pero jamás, jamás se ha tenido preparación ni el vislumbre del "crimen organizado". Todos sabemos que ha trabajado desde hace muchos años poco a poco infiltrándose en toda rama productiva de la región. Y si te pagan 600mil pesos al mes para que no digas nada, ¿cuántos se negarían?
Además, porque, seamos sinceros: no tendrías de otra.
¿Cómo detener eso?
Solo a un nivel muy alto, pues en esas alturas se localizan quienes llevan a cabo esos negocios. Desde arriba comenzar a mandar el mensaje de que no es necesario matar o torturar gente para tenerla controlada. No de manera discriminada. Esa "publicidad" supuestamente "campaña de terror" terminará por dañar a todas las partes en dichas transacciones.
Poco a poco irá disminuyendo pues en México no es la tónica. A todos nos gusta "llevar las cosas calmadamente", no nos gusta hacer olas. Por eso tanto silencio, no solo por miedo, no solo porque no te hacen caso, no solo porque es muy difícil que se solucione el caso. No somos un pueblo proactivo o con iniciativa. Somos más echados para atrás. No queremos problemas, por eso nos cuesta adquirir compromisos. No sabemos ahorrar ni tenemos hábitos. Los mexicanos no tenemos hábitos. Hacemos lo que tenemos qué, tenemos usos y costumbres y obligaciones, pero no hábitos.
Es inevitable soltar la imaginación y plantearse el hecho de que todo esto es producto de una imaginación tremebunda. Una imaginación que además tiene la capacidad de orquestar perfectamente todo su teatro. Yo empiezo a dudarlo más y más.
No lo descarto pero me parece cada vez más inverosimil achacar todo esto a una mente malévola y maestra que nos quiere destruir, que disfruta haciéndonos sufrir. Lo que nos pasa lo hemos provocado nosotros mismos.
Somos muchos. Y podríamos repartirnos mejor pero no queremos. A los mexicanos nos gusta o nos han acostumbrado a vivir anquilosados, unos sobre otros, casas sin ninguna distancia de la otra, viviendas pegadas, familias enteras viviendo juntas bajo el mismo techo, suegras, nueras, hijos, padres, abuelos.
La verdad es que si observamos bien: en zonas menos favorecidas económicamente e informales se ven casas con buenos espacios, incluso dos o tres pisos construídos sin plan ni orden. No viven mal.
No hablo de quienes viven en extrema pobreza, aquellos que apenas tienen un techo de cartón. Me refiero a la gran mayoría, los que tienen negocios informales: no viven mal. Den un recorrido por esos cerritos: todos tienen alumbrado, todos tienen antena de Sky.
¿Qué es ser pueblo hoy en día?
¿Quiénes viven realmente mal (millones ya se), pero hay otros millones que se hacen llamar el Pueblo oprimido que vive como quieren vivir, que tienen pantallas planas, hacen fiestones tremendos cada fin de semana, tienen satélite, celulares de marcas famosas...¿quién encarna al pueblo?
En el interior de la República muchos pueblos indígenas no quieren sabe nada de los....¿cómo nos llamamos? ¿Capitalinos? ¿Citadinos? La mayoría que dice "luchar por ellos" en realidad o les hace más daño o está abusando también de ellos, mostrándolos como artículos folclóricos. Muchos pueblos indígenas (ya también alejados de la pureza mezclados en sangre y lengua, pues es inevitable la mezcla y es quizá más creativa) no quieren colaborar con eso que los otros llaman País, su mexicanidad no es la nuestra.
Muchos mexicos, es cierto.
Todo es más complejo de lo que el limitado tiempo de la radio y la tele nos muestra.
Nuestra misión, buscando ser productivos, creativos, y en pos de soluciones, podría ser la de escuchar y leer más que quejarnos y condenar (aunque bien sabemos lo que está mal, ya no se que tan productivo es atiborrar las redes y las mesas de conversación con enojos, iras, que al final son signos de pasividad, pues no resuelven nada y solo quieren mostrar la apariencia de ser revolucionarios, rebeldes, de los que "están concientes". Hoy constituye más una máscara, una "imagen" más que una realidad.




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